jueves, 11 de noviembre de 2010

En Hawai‘i, que mucho me acordé de ti Borikén

Yo nací en el caribe, en el oeste de Puerto Rico, donde las playas son hermosas y las montañas en el horizonte crean un contraste entre el verdor de la tierra y el azul del mar. Donde el atardecer culmina en una de las más bellas puestas de sol. En ese paraíso entré yo a este mundo; por eso viajar a Hawai‘i no me emocionaba demasiado. Yo me preguntaba por qué debíamos ir tan lejos a ver playas, pero Altin tenía ilusión de ir y ya llevábamos posponiendo el viaje algún tiempo. En eso recordé que Hawai‘i tiene un volcán - Kīlauea - y la idea de verlo me animó un poco ya que eso no lo tenemos en la isla; que sepamos hasta ahora. Y es que cuando toca escoger un destino, lo que me viene a la mente son paisajes montañosos, grandes ciudades con muchos años de historia, y culturas exóticas - no relacionadas con islas pequeñas. Pero poco a poco digerí la idea de hacer el viaje y me imaginé las ya muy estereotipadas camisas de flores, las fogatas en la playa y las chicas bailando con sus faldas de paja como las que aparecen en las películas. Sí, es cierto que hay de todas esas cosas, pero la experiencia fue completamente diferente y me hizo apreciar su encanto aunque también me trajo recuerdos de mi propia isla en el caribe.

Una visita a Hawai‘i, no sólo significa agarrar el primer avión hasta el aeropuerto de Honolulu, sino que sugiere una recepción de orientación para los visitantes. Fue la primera vez que me sentí turista sin haber siquiera tomado el avión, porque ya me estaban esperando. En la recepción nos tomaron esta foto con Lei y chica hawaiana incluidos, muy cliché, pero lindo también, y nos dieron la información de los diferentes tours que podíamos comprar y los destinos turísticos de la islas. Yo estoy acostumbrada a hacer viajes más independientes y no organizados en excursiones, así que aunque al principio me pareció invasivo de su parte orquestar toda clase de reuniones, al final salimos contentos con un tour gratis para ver el Monumento al USS Arizona en Pearl Harbor. Y aprovechando, decidimos hacer los planes para visitar la isla grande de Hawai‘i. 

Quizás en Puerto Rico deberíamos tener un club de bienvenida para nuevos visitantes donde les demos la información de los tantos lugares y atracciones turísticas que posee nuestra Borinquén bella... pero volviendo a Hawai‘i. En Waikīkī el ambiente es interesante, relajado y ultra turístico a la vez, aunque la playa en si no es nada espectacular. El día de Navidad, sentada al sol con el Diamond Head dominando el paisaje, y mientras Altin hacía un poco de snorkeling, veía a los aventureros tomando clases de surf y a muchos más, como yo, sentados en la arena mirando la muchedumbre o el mar. Me llamó la atención que mucha gente exhibe tatuajes en Hawai‘i, ¿será por la influencia polinesia en su ya tan complicada mezcla de culturas? Y allí, en la playa, al lado de una chica oriental con un precioso tatuaje tribal simulando una serpiente que le cubría el hombro, estaba un chico con una bandera puertorriqueña tatuada en la pantorrilla; evidencia de que hasta allá hemos llegado. Pero esa no fue la parte que me recordó a mi tierra. 


Para explorar fuera de la ciudad, se nos ocurrió coger la 52 Wahiawa-Circle Isle, una guagua "local" que por tan sólo $2.00 nos dió la vuelta a la isla de O‘ahu. El clima y la vegetación me sorprendían a menudo pensándome en casa. Y lo rural y verde del paisaje me recordó el campo en el centro de Puerto Rico, con la única diferencia de que no habían tantas cuestas y porque inesperadamente veíamos el mar entre los árboles. Los helechos, las flores, y luego una playa desolada en el North Shore donde en temporada de surf se conglomeran miles de fanáticos a ver las olas romper mientras los surfistas se la juegan en ellas; ahora había sólo un mar en calma. 


Ir a Hawai‘i fue como si visitara una versión no industrializada de Puerto Rico, donde aún se cultiva el café y frutos menores, donde la vida es simple y lenta, donde parece que no hay preocupaciones y la gente es feliz con poco. Pero mucho más que las similitudes, lo que me hizo recordar a mi isla de Borikén fue lo mucho que la extrañé. Porque Hawai‘i se parecía, sí, pero jamás igual.

5 comentarios:

  1. a mi me pintaron algo parecido en PR: mujeres en bikini y fiestas en la playa los 365 dias del a~no, y cuando llego alla me encuentro en un claustro controlado por personas demasiado religiosas y conservadoras para mi gusto. La vida no siempre es como nos la cuentan jajaja. En fin, eso de la recepcion es normal en los polinesicos. Al menos eso muestran cuando vas a Isla de Pascua, Tahiti, o cualquier isla de la Polinesia. Cuando vaya a la Isla de Pascua te cuento si es verdad.

    Saludos.

    ResponderEliminar
  2. En Isla de Pascua te sentirás libre de verdad, enormes espacios al aire libre, entretenidas fiestas como el Tapati y maravillosas playas para descubrir. Aquí hay interesantes tips para viajes a Isla de Pascua Suerte y disfruta la aventura!

    ResponderEliminar
  3. Kitt, gracias por la recomendación y por el link. Seguro que vale la pena visitarla.

    ResponderEliminar
  4. Lymaris, no se si sabes que la Isla de Pascua le pertence a Chile. Nosotros estamos haciendo planes de ir en nuestro proximo viaje a Chile... =))

    ResponderEliminar

Ahora cuéntame tú una historia... O coméntame de la mía, me encantará leer tu opinión.