domingo, 12 de diciembre de 2010

Encendido de la Navidad en Mayagüez

Cuando llegamos todo estaba a oscuras. Había gente a diestra y siniestra, algunos sentados, otros de pie... pero una cosa es cierta: nunca había visto la plaza tan llena. Allí estaba Mayagüez reunido para disfrutar de una fiesta de pueblo, para olvidar los problemas aunque fuera un ratito, e inaugurar oficialmente la Navidad. Hacía mucho que no iba a un evento pueblerino, y con eso me refiero a que no he ido ni a fiestas patronales, ni a festivales playeros, ni siquiera a un baile de gallinas. En cierto modo me lo disfruté con la emoción del que lo ve por primera vez, porque llevo tiempo lejos del calor caribeño y casi se me olvidaba cómo se sentía estar entre un gentío que habla mi mismo idioma. Parece raro, pero cuando uno se distancia de las costumbres es que puede apreciar lo únicas y especiales que son. Esas costumbres y la jerga que usamos al hablar, que son sólo nuestras, con el tiempo se llegan a extrañar tanto como la comida y la música. Caminamos de un lado al otro buscando asiento, pero nada. Las sillas que no estaban usando las tenían reservadas... la situación estuvo dificil hasta que papi ¡consiguió una! y nuestra suerte comenzó a cambiar. Así, poco a poco, conseguimos cómo acomodarnos cerca de la fuente central de la plaza.

La música sonaba, y sonaba bien. A veces se me hace difícil describirle la música navideña en Puerto Rico a la gente de acá, porque es que hay que sentirla para poder apreciarla, pero puedo decir que a diferencia de los villancicos y la nostalgia de la musica navideña en NYC, la de mi islita es movida, festiva, muy alegue, y siempre con miras al futuro; porque el pasado ya quedó atrás. Y no es que yo sea una persona demasiado parrandera, pero no me he podido identificar con la nostalgia que se vive acá en el norte y en cierto modo paso la época navideña como una más, sin darle la misma importancia. Pero seguida estoy en Puerto Rico se me sube la bilirrubina, como decía Juan Luis Guerra, y me entra la alegría porque, aunque las cosas vayan mal, es tiempo de disfrutar junto a la familia y los amigos. 

Artesanías
Como la espera del encendido se me estaba haciendo muy larga, decidí darme una vuela por los kioscos de venta de comida y artesanías. Me colé, con cámara en mano, poco a poco entre la gente que miraba y compraba. Serán las artesanías de siempre, pero la gente siempre se interesa... a ver que hay de nuevo. Y había de todo como en botica: prendas, lazos, muñecas de tela con trajes típicos de bomba y plena, adornos en barro con bandera puertorriqueña y pensamientos de próceres, porta lápices hechos de troncos de bambú, dulces típicos, bizcochos, pinchos, helados, y hasta unos bacalaítos - ciegos según me dijeron - que más que hambre me daban miedo de lo grandes que eran. 

Dulces típicos
Pero dentro de el aparente caos es que está la belleza de estas fiestas. Allí me mezclé con la gente del pueblo, porque cuando estás lejos es que realmente le ves la gracia, y ya no lo describes como un revolú de gente sino como parte de nuestro folclor. En NYC también se ven estas cosas pero con otro sabor: hotdogs, pretzels, roasted nuts, los artistas que te dibujan a lápiz o te hacen un tatuaje de henna. ¿Verdad que no es lo mismo? Había una señora sentada a mi lado con la que intercambié algunas palabras. Comentábamos lo bonito de las tradiciones navideñas y la tragedia de saber que se están perdiendo.
Bacalaítos fritos

Los niños ya no creen en la Navidad, ni le buscan yerba a los camellos de los Reyes Magos, no hay magia para ellos, sólo juguetes. Los padres ya no sacan tiempo para hacerle una cartita a Santa, sino que los llevan a las tiendas para que ellos mismos escojan el juguete que quieren (que sus padres les compren). Mira para allá - decía la señora - que dis que no le regalen para Los Reyes porque no les da tiempo de jugar con los juguetes antes de que empiecen las clases, como si no tuvieran el año completo para jugar con ellos. Y es cierto, poco a poco lo hemos comercializado todo y vuelto un ajetreo de compras. En eso estábamos de acuerdo. Pero fue bonito ver en contraste que por la plaza pasaban algunos personajes para los niños. María y José cargaban un bebé seguidos por otros dos vestidos de oveja y burro. Una natividad andante, que gracioso. Había otros vestidos de personajes y payasos para los niños, y unas nenas vestidas de Sultanas medio orientales que se paseaban entre la gente. Aún se hace el intento, no todo está perdido.

Y por fin llegamos a lo que todos esperaban, las luces encendidas en la plaza, la alcaldía decorada con la fachada de luces para este año alusivo a su apodo de Sultana - ya no del Oeste pero - del Caribe, los árboles de alrededor todos decorados con luces, rojas verdes y blancas, incluyendo el árbol navideño en el centro. Que bonito todo encendido, decorado y brillante. Y para que la espera no fuera en vano, un juego de fuegos artificiales que, créanme, no tenían nada que envidiarles a nadie. Y que bueno fue poder disfrutar todo eso junto a mi familia, incluyendo los 7 minutos de ah y wow de la gente por el espectáculo tan bonito y a la altura que se nos ofreció a los allí presentes.
¡Feliz temporada Navideña 2010 a todos!



PD: Encontré este video los fuegos artificiales del Encendido de la Navidad 2010, para los que no pudieron estar allí y disfrutarlos en vivo. Ah, y pendientes del minuto 5:30 en adelante que ¡se pone bueno!

2 comentarios:

  1. Hay uno que otro errorcito ortográfico... jajaja Pero sabes, todavía algunos niños le llenan carta a Santa Claus y le ponen yerba a los reyes.Recuerdo cuando chiquita que en Payless te daban una cajita de zapatos especial para poner la yerba para los Reyes Magos.

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  2. Mira bandida, lo de la ortografía me lo envías en privado para corregirlo. :P Pero que bueno saber que aún queda un poco de la magia de la Navidad. De eso tengo buenos recuerdos.

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