sábado, 28 de agosto de 2010

El Caminito

Luego de una odisea para llegar a Argentina y un calor insoportable, Buenos Aires me dio una impresión muy diferente a lo que yo esperaba. La ciudad tiene un aire de antaño y, en mi opinión, ya ha pasado mucho tiempo desde sus años dorados. Pero encontramos muchas cosas interesantes, y la gente es tan cálida como el clima.

En una de esas tardes calurosas decidimos visitar la atracción más llamativa y recomendada de la ciudad, íbamos en busca de El Caminito. Pero Buenos Aires es una ciudad grande y por más que buscamos en el mapa no encontrábamos cómo llegar. Así que nos acercamos a una de las guaguas que iban entre el tráfico para preguntarle al conductor qué autobús debíamos coger. Quedamos súper sorprendidos cuando este nos invitó a subirnos a la guagua sin pagar. Nos llevó bastante lejos, quizás porque era más fácil llevarnos que darnos las instrucciones, pero nos vino bien porque también nos advirtió de los peligros en los alrededores y sobre la falsificación de billetes que estaba de moda en esos días. Y luego de la trillita en guagua, nos dijo que esa guagua seguía otra ruta, que teníamos que coger un taxi en la esquina contraria a donde nos dejaba. Hicimos como nos indicó y cuando cruzamos a la esquina vimos el taxi, pero estaba vacío. Y el conductor ¿dónde está? Ah, pero es que estamos en territorio latinoamericano, donde las cosas se mueven en otro tiempo y a otra velocidad. En NYC todo el mundo lleva prisa y siempre se está tarde para todo, pero en Argentina hay que tomárselo con calma. El conductor del taxi estaba comiéndose un bocadillo en el establecimiento que usaban como base, así que lo esperamos. Cuando llegamos a la entrada de El Caminito, este nos recomendó no deambular por los alrededores fuera del área turística. Segunda advertencia; mejor hacer lo que nos dicen. Pagamos, le agradecimos, y nos adentramos en una calle donde de repente el ambiente se volvió animado. De todos lados aparecían personas determinadas a sacarte un dinerito, ya fuera para venderte algo o para recomendarte dónde estaba el mejor restaurante.

El Caminito es básicamente una calle llena de casas y restaurantes pintados de colores llamativos, con mesas en frente de los restaurantes, artesanías y música en vivo para los turistas. Y según seguíamos adentrándonos en el estrecho pasillo que quedaba entre los restaurantes a uno y otro lado de la calle y la gente que pasaba, seguían apareciendo chicos aquí y allá con ofertas para comer en este o en aquel puesto, con especiales y promesas de una comida auténtica Argentina: carne y más carne en el menú. Bueno y ¿qué esperaba? Algunos optimistas piensan que es posible ser vegetariano en Argentina, pero la verdad es que después de algunos días de comer pasta, pizza y empanadas las opciones se quedan cortas. Seguíamos mirando los menús y rechazando las ofertas porque primero queríamos ver el ambiente y todas las opciones. Y así como quien no quiere la cosa apareció un muchacho que me sorprendió. Porque de todos los lugares que he visitado y allá en lo más lejano que he viajado hacia el sur, aquel chico de ámplia sonrisa ha sido (hasta hoy) la única persona que me ha imitado bien el acento puertorriqueño. Lo gracioso es que lo que me dijo fue una expresión muy poco elegante, y digo poco elegante por falta de otro adjetivo, porque muy orgulloso de sus habilidades me dijo: **ñeta, eso está ca****! Yo abrí los ojos como platos, pero me hizo sonreír. Y así, entre el espanto de lo que acababa de escuchar y la ayuda de una señora que no se rendía ante nada, conseguimos una buena mesa lejos del paso de la gente, con música y espectáculo de tango. En El Caminito no aceptan tarjetas de crédito y aunque nuestro presupuesto en efectivo era limitado comimos bien y disfrutamos del ambiente. Lo mío no son las carnes, y menos en cortes grandes, pero la experiencia me pareció divertida.

Había gente bailando tango o algún otro baile típico en pequeñas tarimas con sus trajes de gaucho o de don Juan, y chicas listas para posar con los turistas en una foto con sabor a tango. Pero El Caminito no es para nada una experiencia auténtica, sino una atracción turística. Y la mayoría de los que trabajan allí viven en los alrededores y dependen de los turistas para su sustento. Es un libro con doble portada, una para nosotros los turistas y la otra para ellos cuando se apagan la música y las luces. Y aunque es obvio que vienen a ti en busca de unos pesitos, son conversadores y amables. Fue lindo ver que se ayudan unos a otros buscando y reciclando clientela; para ellos esa calle llena de turistas es su patio, su comunidad y están muy orgullosos.

Antes de regresar, en guagua esta vez, nos fuimos a ver las tiendas aledañas y encontramos una con muchas artesanías y souvenirs. Perfecto, me dije yo, aquí consigo los imanes y llaveros que se han vuelto mi recuerdito obligado donde quiera que voy. El chico que atendía el lugar era súper simpático y conversador y me sugirió llevar como souvenir un paquete de yerba mate para que disfrutara la experiencia. El paquete venía con su porongo, una especie de tazón tradicional, y su bombilla, que no es otra cosa que un sorbeto de metal con filtro. Yo sabía de esta bebida y me daba curiosidad probarla, pero no la había visto en ningún menú así que le pregunté si sabía dónde podía probarlo antes de comprar para llevar. Él me comentó que el mate es una bebida muy personal y que cada quien se la prepara a su gusto; que por eso es que no la conseguía en ningún restaurante. Una pena, porque yo no tenía quien me enseñara a prepararlo y esa fue la razón por la que no compré ni probé mate en Argentina. Claro que luego me arrepentí, porque estaba a buen precio, y al menos por la bombilla valía la pena.

De allí salimos con unos cuantos souvenirs y una experiencia completamente diseñada con los estereotipos de rigor. Pero entre todo el taconeo de los gauchos y las miradas de los músicos perdidas en la lejanía, conocimos gente sencilla y auténtica. Aún no he probado el mate, a ver si alguien me prepara uno algún día... con azúcar por favor, que por ahí dicen que es muy fuerte y amargo, y que hay que acostumbrarse. Gracias de antemano.
Aquí pueden ver el final de uno de los bailes. También se escucha entre la música a una mujer promocionando uno de los restaurantes.

2 comentarios:

  1. Como me encantaria ir a Argentina! Especialmente para hacer lo que no te gusta mucho, Comer Carne.

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  2. Pues lo mejor para mí fueron las empanadas, ¡súper ricas!

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