jueves, 20 de enero de 2011

El avión con estela tornasol

Ya estaba de noche aunque apenas daban las 5 de la tarde, y yo iba en mi carro pensando en nada, solo en llegar a casa... Por la misma ruta de siempre. El día había sido un desastre desde la mañana; Eva (así se llama mi carro) tenía hielo por todos lados, en las ventanas, en los cristales, en el techo... un hielo duro y grueso, difícil de romper. Descascarar la capa de hielo del carro me tomó el tiempo necesario para que se me congelaran unos cuantos dedos. Definitivamente no estaba preparada, y aunque no me gusta, tengo que admitir que prefiero la nieve. El viaje al trabajo se me hizo larguísimo; me tardé el doble de lo que me toma llegar normalmente. El tráfico lento y peligroso: —Ay Señor, que no tenga un accidente. Por eso regresaba del trabajo a casa relativamente temprano, por si se repetía la misma historia de la mañana. Iba sin pensar en nada, escuchando temas de política en la radio, y cosas que llevaban repitiendo sin parar: que si hacen o no la revocación del “Obama Care” —mejor dicho, la reforma de salud—, de la congresista y sus progresos después de que le dispararan, del gobernador de Nueva Jersey que paró el proyecto del súper túnel,... Y así mientras iba perdida en pensamientos vagos, y aburrida del trayecto, escuché el zumbido del avión.

No me había dando cuenta que en ese momento pasaba por frente al aeropuerto de La Guardia y, por la dirección en que está la pista comparada con la carretera, no lo vi venir. El avión pasó por encima de mi carro, cruzándolo diagonalmente justo para salir a mi campo de visión. Y aunque no es la primera vez que sucede, para mí tiene un valor especial cada vez que veo uno porque me recuerda otras veces en que compartí la misma experiencia con mis hermanos, hace muchos años.

La primera vez, fue idea de mi hermano que me llevó al aeropuerto de Aguadilla, en Puerto Rico, para imitar lo que había visto en la película Wayne's World. Él no es particularmente fanático de esa película, pero por alguna razón le llamó la atención aquella escena, cuando Wayne y su amigo Garth ven pasar el avión mientras, sentados en el bonete del carro, gritan sin poderse escuchar a si mismos, y quería que la repitiéramos. Nos estacionamos justo en una parte de la pista que queda fuera del aeropuerto, y cuando el avión venía a aterrizar, ya muy bajito, nos pasaba justo por encima. En ese momento sólo escuchábamos a ese pájaro gigante rugir tan fuerte que no oíamos ni siquiera nuestros propios gritos, como en la película. Para nosotros era pura adrenalina; estupideces de juventud... y mi padre repitiéndonos que no lo hiciéramos de nuevo, que eso era peligroso. Fuimos apenas una o dos veces, y luego se me ocurrió llevar a mi hermana, cuando ya tenía edad para tonterías como esa.

Mi hermana se creía que no le daría miedo, pero como se equivocaba. Fuimos a buscar a mi prima que llegaba desde Hartford y como ya sabíamos a la hora que llegaría el avión, nos fuimos un poco antes para estacionarnos en el lugar indicado. —Eso no da miedo —me decía ella. —Espera pa' que veas. La diferencia entre La Guardia y el Rafael Hernández es que en el primero no te lo esperas, pero en el segundo no hay manera de que te sorprenda; la excitación va en aumento poquito a poco. Primero ves una luz a lo lejos, allá en el horizonte, y según se va acercando se vuelven dos —en realidad ya eran dos, pero así es como se ve— y en poco tiempo puedes distinguir la forma del avión que se acerca hacia ti. —Ay, pero ese avión viene muy bajito. —Pues claro chica, si viene aterrizando... Mi hermana de la impresión se metió dentro del honda, pero yo me lo estaba disfrutando. —Cuando nos pase por encima tienes que gritar lo más duro que puedas. —¡Ah!… No se escuchaba nada que no fueran los motores del avión y el rugido que hacían al cortar el aire.

Ya hace muchos años de eso, y ahora que vivo en NYC prefiero regresar a casa por esta ruta frente al aeropuerto a ver si me toca la suerte y pasa algún avión en ese momento. Pero esta vez, cuando lo vi pasar, noté que de la punta de las alas le seguía una línea de aire condensado. Como hilos de nube en tonos tornasol que contrastaban con la oscuridad del cielo. Debió ser por el frio y la humedad del aire, pero esa cosa tan sencilla me alegró el día en un instante. De puro instinto y por la sorpresa grité con fuerza a la vez que me reía. Esas pequeñas cosas que nos recuerdan los buenos tiempos pasan cuando menos lo esperamos. Y que bueno por estas pequeñeces, porque si no pudiera notar la belleza que hay dentro de lo cotidiano no sobreviviría en esta metrópolis cruel y despiadada, ni al invierno que me deprime de vez en cuando.

6 comentarios:

  1. Lymaris, me imagino verte guiando riéndote como una loquita recordando tus travesuras de adolescente. Ah y con lo cobarde que es Gretchen ya creo que no resistió la aventura.

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  2. Pues a veces sí voy riéndome sola, pero no creo que la gente me preste mucha atención porque por estos lares hay muchos más locos que yo.
    Deja que Gretchen lea esto a ver que dice. :)

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  3. solia hacer lo mismo en el aeropuerto de santiago. el camino se llenaba de autos con gente mirando pasar los aviones y otros cuantos ahorrandose el dinero del hotel. sabias que hay "ecologistas" que se oponen a los contrails que producen los aviones. segun ellos altera el micro-clima del area afectada. de ser asi, deberian prohibirnos los gases que emana el mas oscuro y recondito agujero de nuestro cuerpo.

    saludos.

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  4. Bueno si vas de día no, pero de noche sí corrías peligro de toparte con uno de esos "moteles" sobre ruedas. Lo de las estelas o contrails, que si afectan o no, lo he escuchado en favor y en contra del calentamiento global. Para evitarlos por completo tendrían que dejar de volar y no lo creo... Lo último lo dejo a discreción. ja ja

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  5. OMG! No recuerdo ESTE incidente de Ivy pero SI recuerdo una vez que vino Keren y era de día y el avión pasó tan bajito que parecía un cocodrilo pasando por encima de nosotras aaajajajajaj Siempre que veo los aviones me gusta y me recuerda que ya tenemos eso como de costumbre en casa.

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  6. Gretchen, parece que la impresión te trastornó porque fue Ivy la que vino, no Keren. jajaja Cuando vaya por allá ¡lo hecemos de nuevo! :)

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