sábado, 22 de enero de 2011

Ser adulto no es sólo comer vegetales

Siempre quise vivir sola, no porque sea antisocial ni nada por el estilo, todo lo contrario, me considero una persona sociable y amistosa. La razón por la que insistía en eso era porque quería ser independiente. Quería estar segura de que podía cuidarme a mi misma antes de tener que cuidar a otros, a una familia o dependientes. Esa independencia comenzó a tomar forma cuando me mudé de mi pueblo para trabajar en Manatí, o eso creía yo. En esa época aún podía viajar a mi casa —la de mi mamá— cada fin se semana y disfrutar siendo de nuevo la hija, y por más que yo quisiera negarlo, dependiente de mis padres.

Cuando me mudé a NYC, vine sola 'entre comillas' porque tenía el apoyo de mi amiga Yaira, con quien compartí apartamento durante 5 años. Nos teníamos una a la otra y en cierto modo habíamos creado otro núcleo familiar. Pero todo cambió cuando me mude sola a mi actual apartamento, totalmente independiente, ahora sí de verdad. Haberlo logrado por fin me dio cierto sentido de satisfacción, pero la independencia no es una meta como yo creía, sino un proceso que no termina y que me ha traído más de una complicación con la que no contaba.

En estos días en que ha nevado tanto me ha venido a la mente en más de una ocasión las desventajas de vivir lejos y no tener esa red de apoyo que tenía años atrás, cuando vivía con mis padres. Sí, es cierto que mantengo contacto por teléfono e Internet, pero cuando tengo que palear la nieve en la mañana para poder ir a trabajar, cuando hay que ir a hacer la compra, o me enfermo, estoy sola... y me toca prepararme yo misma esa sopita de pollo para el alma. Eso es parte de la vida, parte de crecer, pero yo me lo compliqué mucho más al mudarme a Nueva York. No digo que me arrepiento, pero de vez en cuando quisiera poder tener lo mejor de dos mundos y llamar a casa para decir que voy de visita un ratito. —¿Se dan cuenta de que sigo diciendo casa indistintamente de la mía o la de mis padres? El mundo de no tocar para mi es un limbo donde no estoy ni aquí ni allá, donde hay días buenos y otros en los que quisiera escapar. ¿Es esto lo que significa crecer? ¿Romper los lazos y cortar el cordón umbilical de una vez por todas? Tengo sueños, metas, y muchas alegrías en mi nueva vida, es solo que no puedo dejar de mirar atrás y volver mis pasos de vez en cuando para hacer un "pisa y corre" y entonces sí poder seguir adelante.


Enfrentarme a esos retos físicos y mentales me ha hecho valiente, o eso quiero pensar de mi misma, pero no ha sido fácil. En los "Newyores" la vida es más difícil, que nadie se crea esa basura del sueño americano... que nada está más lejos de la realidad. Por eso me agarro de cada pequeña victoria. Altin me ayuda con muchas cosas y doy gracias a Dios por eso, pero sigo convencida de que mantener mi independencia es estar preparada para cuando él tampoco esté conmigo.


Esta semana estuve preocupada por las condiciones en la carretera, pues el frío había helado todo y resbalaba. Había mucha nieve en mi carro por las mañanas y me ha tocado limpiarlo yo solita más de una vez en lo que va de año, pero ayer por la mañana cuando me disponía a hacerlo de nuevo me pasó una cosa que me llenó de inspiración. Mientras yo intentaba limpiar aquellas pulgadas de nieve —no tenía las herramientas adecuadas, pero estoy trabajando en eso— noté que una señora mayor me miraba desde su balcón. Yo le dije buenos días y seguí con mi ardua tarea. En eso la viejita salió del balcón y desapareció por detrás de mi carro. Yo pensé que estaba botando algo en unas bolsas de basura medio cubiertas de nueve y de pronto me di cuenta de que ELLA me estaba ayudando a sacar la nieve del carro con una escoba. Ya les digo que la doñita era bajita y se veía muy frágil, pero me ayudó sin decir una palabra hasta que sacamos toda la nieve. Yo le agradecí en inglés, pero ella sólo sonreía —lo que me dio a entender que no hablaba el idioma—. Yo le seguí agradeciendo de todos modos, por si acaso me entendía.


Una vez más he vuelto a creer que puedo vencer las dificultades, y lo sé porque esa viejita me lo dijo con una sonrisa. Pero tengo que seguir preparándome para enfrentar las dificultades que vendrán, porque estoy segura de que esto no es sino el principio. La vida es así, y yo sigo aquí con un título autoimpuesto de candidata a adulta, "a work in process". 

3 comentarios:

  1. te parece una desventaja vivir sola por no tener a alguien que palee la nieve? ese es uno de mis pasatiempos favoritos. eso de cortar el cordon no sea tan malo puesto que, sea como sea, es bueno sentir que pertenecemos a algun lugar. yo pienso que vivir lejos de la familia es una sabia decision, pero tambien me da gusto saber que sus puertas siempre estan abiertas para recibirme. Lo unico que me complica es eso de que mi pais ha cambiado tanto que ya ni se parece a lo que era cuando me fui. Al menos ahi, Puerto Rico y su tradicionalismo sea una ventaja.

    saludos.

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  2. Lo de palear nieve fue el ejemplo, pero es mucho más que eso. No te niego que disfruto del silencio y de tener el control de mi casa, pero siempre es bueno tener a alguien por quien volver a ella después de un día de trabajo. Por lo de la nieve, gracias por decirme para contratarte si viene otra tormenta! jaja. No, pero en serio... tienes mucha razón en eso de que es reconfortante saber que puedes regresar y que las puertas están abiertas para ti... ayuda mucho psicológicamente. Quizás lo peor no sea la nieve, pero cuando me enfermo... que ñoñita soy. jaja

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  3. Lymaris, puedo entender tu planteamiento porque yo estoy en el otro lado del charco y no me he ido pero los que amo se están yendo. Quisiera poder coger el teléfono y decir, en cinco minutos estoy en tu casa para poder llenar ese vacío. Ojalá que pronto te sorprendamos y toquemos tu puerta para decirte: aquí estamos para que no estés tan solita. Gracias por dejarnos saber que todavía te sientes acá aunque estés alla'. Dios te bendiga!!!! Mami

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