sábado, 15 de mayo de 2010

Experiencia gastronómica en MOSEBACKE etablissement

Pappardelle med Skogssvamp Parmesan Tryffelolja. Así se llama lo mejor que me comí en Estocolmo. Que traducido al español sería: Pappardelle con setas silvestres, parmesano y aceite de trufas. Solo que a mi me lo trajeron con risotto... he aquí la historia:

Encontramos este lugar por casualidad, Altin y yo, mientras caminábamos por un vecindario que parecía bastante residencial en la parte alta de Estocolmo. Luego de visitar una pequeña iglesia y un cementerio adyacente, vimos una entrada hacia una terraza con mesitas y una vista espectacular de la ciudad, así que decidimos entrar para cenar.

Preguntando por el menú nos metimos hasta la cocina donde nos atendió un señor de lo mas elegante que para nada parecía sueco. Al final resultó ser un chileno que emigró a Suecia con sus padres cuando era niño. Hablaba el español fantásticamente a pesar de usarlo poco, y entre inglés y español (acento y todo incluido) mantuvimos una interesante conversación. Que bueno fue encontrarlo allí porque nos tradujo el menú, que estaba todo escrito en sueco, y así fue que pudimos escoger lo que sería nuestra cena. También nos dejó saber que la acción no comenzaba hasta media hora más tarde porque el restaurante aún estaba cerrado. Así que como teníamos que esperar hasta que abrieran para tomarnos la orden, nos fuimos a una de las mesas a disfrutar de la vista y del atardecer. La plaza era mas bien un espacio estilo Pub al aire libre donde practicaba la banda que tocaría esa noche y a primera vista no esperábamos demasiado del lugar. Pero poco a poco la gente fue llegando y el ambiente creciendo, se encendieron las luces colgantes y la venta de bebidas estaba en todo su apogeo. En fin, que la cosa se estaba poniendo buena.
Y resultó que el chileno no era el único hispano. La mesera principal era colombiana y uno de los mozos era de Centroamérica, pero no recuerdo de dónde. Y con este último fue que hablamos bastante y muy ameno porque mientras recogía platos y vasos pasaba por nuestra mesa una y otra vez. El chico se había enamorado de una sueca, a la que siguió hasta Estocolmo. Se casaron y tuvieron una hija, pero al final la relación no resultó y por no perder contacto con su nena decidió quedarse. Seguro que extrañaba su tierra y su idioma.

Ya sonaba la banda con su música en vivo, y aunque se estaba poniendo un poquito frío, lo estábamos pasando de maravilla. Cuando llegó nuestra comida supe que mi plato quedaría registrado entre las mejores cosas que me he comido en mi vida. La experiencia fue totalmente distinta a tantas otras... primero, porque aunque me lo había descrito el chileno, yo la verdad no sabía exactamente qué fue lo que ordené. Y segundo, porque yo nunca había comido risotto antes de ese día. Y me hubiera podido comer otro plato de lo delicioso que estaba. Altin por su parte se comió una olla de mejillones en una crema blanca y papas fritas que, según él, estaba muy bueno también.

Al final de la velada, antes de salir de lo que parecía un mar de gente, me aseguré de darle las gracias al chef con traducción de nuestro nuevo amigo el chileno, que era el sous-chef o segundo en la cocina. Y de allí nos fuimos calle abajo con el estómago lleno y el corazón contento por haber encontrado el MOSEBACKE etablissement.

1 comentario:

  1. yo quiero!! Los risotos bien hechos son deliciosos!!! ya me dio hambre y no he desayunado, jajajajaja

    El truco de disfrutar de una gran comida es probar... especialmente si lo recomienda el Chef

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