sábado, 19 de junio de 2010

Mi mejor amigo, mi papá

Cuando yo estudiaba en la escuela elemental le pedí a mi papá que me dejara llevar una muñeca a la escuela, y por supuesto que me dijo que no. Yo insistí e insistí como niña al fin, preguntando las razones de su negativa, y él me respondió que alguna otra niña me la podía pedir prestada y romperla. Yo le aseguré que eso no pasaría, que yo la cuidaría y que no se la prestaría a nadie. Al final, me llevé la muñeca a la escuela... y llegó rota a mi casa.

Desde ese día me di cuenta que mi papa tenía poderes, que sabía el futuro... que era medio profeta. Y había que tenerle miedo, porque si decía que algo pasaría, pasaba de verdad. Aún de adolescente, si le pedía ir a algún lugar y él no me quería dar permiso yo insistía a ver si cambiaba de idea. Pero si me decía que me fuera bajo mi propia responsabilidad ahí sí que ponía el freno y me lo pensaba bien. Más de una vez decidí que no valía la pena correrse el riesgo, y me quedé en casa. Ahora ya sé que no era magia, sino resultado de su experiencia y de su enorme facilidad de explorar todas las probabilidades antes de darme una respuesta. Y no puedo recordar ninguna ocasión en que me haya dado un mal consejo.

La verdad es que no sé si él esperaba tener un niño o una niña cuando aparecí yo, pero una cosa sí tengo claro: mi papá se tomó ese asunto de la primogenitura bien en serio. Siempre me ayudaba con mis proyectos en la escuela, y si no conseguía la foto del prócer que pedía la maestra, él lo dibujaba para que yo sacara buena nota. Otro de sus poderes especiales es su paciencia, y debe tener oídos santos, porque yo hablo hasta por los codos y ha sido así desde que era chiquita. En especial me encantaba contarle mis historias y las maldades que hacía en la escuela. Mi papá me las reía todas y por supuesto me pedía que me portara bien, pero que yo recuerde nunca se enojó conmigo.

Cuando había que hacer alguna tarea en casa me pedía a mí que lo ayudara. Y no todo eran cosas sencillas, a veces las tareas requerían una fuerza que yo no estaba muy segura de tener. Como por ejemplo el día que me pidió que fuera con él a Home Depot para ir a buscar unos paneles de madera para tapar las ventanas porque venía un huracán. Papi, eso pesa - le decía yo. Ah, no te apures que tú puedes - era siempre su respuesta.

En otra ocasión llegué a pensar que mi papá quería electrocutarme cuando, al contarle que tenía problemas para prender el carro, me dio instrucciones para prenderlo usando un cable conectado a la batería y al ground. ¿Así era pa'? Casi prefiero no saber, porque si lo tuviera que hacer de nuevo seguro que sí me electrocuto. Yo estaba en Manatí y él en Mayagüez y para colmo era de noche. Pero con teléfono y linterna en mano, y siguiendo sus instrucciones, el carro ¡prendió! Y como viajaba mucho sola entre los dos pueblos, un día se apareció en mi cuarto para pedirme que fuera con él a cambiar una goma del carro. Sí, del famoso honda ¿se acuerdan? Y no porque estuviera mala, era para que aprendiera. No para que lo ayudara o mirara cómo se hace, sino para que ¡yo la cambiara!

Así hacía con todo. Me enviaba a darle servicio al carro en el mecánico, a que le hicieran la inspección, a cambiarle la batería, etc. Y yo asustada porque me intimidaba preguntar algo de lo que no tenía ni idea, pero él me daba todas las instrucciones que me hacían falta y al final todo salía bien y sin problemas. Y que nadie piense que era por no ayudarme, o por salir del paso, era para que aprendiera a valerme por mi misma, a ser independiente. Él siempre estaba ahí para ayudarme si lo necesitaba.

Cuando me duele algo a quien llamo es a mi papá, porque él es el médico de mi casa. Aun ahora de adulta le pregunto por los remedios caseros que nos daba de pequeños cuando estábamos enfermos. El más famoso de estos era lo que llamábamos en casa “la pócima”. Esta se compone de zumo de cebolla, sábila, limón y miel, todo mezclado en un platillito (aproximadamente dos cucharadas). Como se pueden imaginar el sabor es terrible, pero ¡funciona! No hay catarro que pueda con la pócima. Y cómo nos reímos cuando salió la versión farmacéutica: Mielim y más. Esa gente ya estaba tarde porque el médico de casa, mi papá, había inventado la fórmula casera, la original.

Para nosotros, la música era parte de la dinámica familiar y una de las cosas que más me gustaba era escuchar a mi papá tocar la guitarra. Yo trataba de seguirlo en las canciones de los Beatles, pero las letras se me escapaban. Y cuando había luna llena, mi papá me cantaba una canción que lleva cantándome desde que tengo memoria: La canción tema de ¡El Zorro! Ay, cuanto me encantaba. Aquí les dejo la letra, para que la canten también.

En su corcel, Cuando sale la luna, 
Aparece el bravo Zorro.
Al hombre del mal, el sabrá castigar, 
Marcando la "zeta" del Zorro.
Zorro, Zorro, su espada no fallará. Zorro, Zorro, la "zeta" les marcará.
Zorro, Zorro, Zorro, Zorro, Zorro.

Mi papá me ha enseñado principios, responsabilidad, humildad, honestidad y muchas otras cosas que ya he mencionado, pero lo que más atesoro de mi padre, y lo que reúne todas sus cualidades, es su amistad. Con mi padre puedo reír, puedo llorar, portarme bien o mal... Y pase lo que pase, yo sé que su amor por mi y la amistad que ha ido creciendo entre nosotros desde que aparecí en su vida nunca va a cambiar. Y aunque hoy estemos lejos, le doy gracias a Dios por darme el mejor padre que puedo imaginar, y por todo lo que me ha enseñado. Papi, espero haber sido una buena estudiante. 

4 comentarios:

  1. Cuando leí lo de los paneles recordé cuando me hizo levantar y aguantar la ventana de la sala mientras él la atornillaba jajaja pesaba muchísimo pero "tu puedes" jajajajajajaaj También recordé cuando lo ayudé a poner los gabinetes de la cocina y los armaba con él con todo y mis uñas postizas jajajajajajaa

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  2. Aquí tengo a papi riéndose por mi mala entonación al cantarle "Ël zorro" El contrayao todavía se acuerda de estas cosas. Dice que te diga que está orgulloso de tí y que te quiere mucho. Claro que yo también.

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  3. Lymaris, gracias por expresar tantas vivencias que nos hace recordar lo maravilloso de tenerte como hija, aunque papi no lo diga en palabras, sé que tu has sido, eres y serás muy especial para él.

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