sábado, 7 de agosto de 2010

Verano de conciertos, parte 1: Prospect Park

Hace unas semanas, mi amiga Yaira me invitó a acompañarla a ver a La Secta All Star, una banda puertorriqueña de rock en español que se presentaba en concierto la noche del 23 de julio. Y yo por supuesto acepté su invitación. Yo le digo a ella en broma “que yo soy fácil” porque siempre acepto cuando me invita a alguna parte. ¡Y es que Yaira siempre me invita a cosas buenas! El concierto se presentó en Brooklyn, “el territorio prohibido” como le llamo yo. Y como no conozco mucho de esos lares y me estaba dando estrés ir guiando para allá, decidí ir en tren. Hacía tiempo que no viajaba en el sistema de transporte público, pero tengo que decir que aún me disfruto viajar en tren. No tengo que preocuparme por direcciones ni por el tráfico y puedo sumirme en la lectura de turno o escuchar música. Y allá nos encontramos.

No había mucha gente cuando llegamos al Prospect Park, donde sería el concierto, así que conseguimos buenos asientos y nos sentamos a esperar, hablando de todo un poco y poniéndonos al día. El concierto comenzó con un grupo nuevo para nosotras. Un chico del Bronx, de ascendencia Puertorriqueña/Peruana, que para sorpresa nuestra tocaba muy bien. Se llama Navegante, y su música es una mezcla de ritmos latinos y electrónicos muy pegajosos. Hasta tiene un ¡cuatro eléctrico! A mi jamás se me hubiera ocurrido. El sonido y la utilización del mismo es diferente, pero ¡que concepto mas interesante!

Cuatro Puertorriqueño
hecho por Anibal Estrada
¿Qué hubiera dicho mi abuelo de haberlo visto? Porque él era artesano y hacía cuatros puertorriqueños en su taller. De su trabajo conservo este que me regaló. Yo ofrecí pagarle, pero él dijo que no, y hoy, más que un regalo, es un tesoro para mi. Cuando éramos niños, mi abuelo nos bromeaba diciéndonos que nos regalaría una cuerda a cada uno. Nosotros pensábamos en terrenos, y él se reía porque de lo que él hablaba era de las cuerdas del cuatro, que por cierto son 10, y aún así le quedaban sobrando para él. Pero esa es otra historia, volvamos al concierto.


Luego le tocó el turno a La Secta. Yo los había escuchado y hasta tengo alguna de su música en mi colección, pero no los había visto en vivo. Que bien me sentí al oirlos hablar... ¡Boricuas de pura cepa! y sin acentos raros. Tocaron súper bien, tanto que no pude escuchar diferencia entre su ejecución en vivo y sus discos. Y Yaira estaba gozando de lo lindo porque le cantaron su canción preferida. Así que cantamos, bailamos, reímos, y nos divertimos en grande con su presentación.

La lluvia amenazaba con aguarnos la noche y se veían rayos que cruzaban el cielo casi horizontalmente, nubes negras y truenos no muy lejanos. ¿Qué hacemos si empieza a llover? ¿Nos vamos o nos quedamos? Estábamos en el parque y no había un lugar cercano donde guarecernos si comenzaba a llover, así que la respuesta estaba dada por si sola. Pero Yaira venía preparada con una manta de picnic con base impermeable que nos sirvió para cubrirnos un poco de las gotas que bajaron minutos después. Yo le presté mi sombrilla a la pareja de al lado y así, entre risas pasamos los dos intentos de lluvia. La tormenta pasó y para cuando comenzó el tercer grupo de la noche todos estábamos listos.

Ahora cantaba Bomba Estéreo, un grupo colombiano que presentó otra mezcla de ritmos, incluyendo cumbia, reggae, hip-hop y techno. El estilo y la música eran nuevos para nosotras pero ¡hey, la noche aún era joven! El ambiente creció luego de la amenaza de lluvia. La gente, la mayoría colombianos, parados en las sillas disfrutaban entre luces y música sin parar. Y así bailamos otro rato hasta que terminó el concierto.

Era tarde pero, como no habíamos cenado nada, nos fuimos a comer en el restaurante donde trabaja Alvaro, el esposo de Yaira. El lugar me encantó. Se llama Toby's Public House y está en la calle 21 con 6ta avenida, en Brooklyn. Alvaro nos preparó dos pizzas, una con setas y aceite de trufas y otra con pesto y tomates. Las pizzas estaban riquísimas y había buen ambiente aunque era tarde. Salimos de allí todos juntos a las tantas de la noche, y entre el taxi y el zipcar me trajeron a mi casa pasada la una de la madrugada. ¿Qué más puedo decir? New York tiene muchas cosas para disfrutar, especialmente durante el verano, y aunque parezca increíble, la entrada al concierto sólo nos costó $3. Buena música, buen ambiente y buenos amigos. Una velada perfecta. 

2 comentarios:

  1. Me encantaria que hubiera algo asi por este desierto! jejeje Seguro que lo disfrutaron! =)

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  2. A mi me gustaria que por lo menos me invitaran a algo asi, jajajajaja Pero mis amiguitas y mi hermanita entan lejos. En otra epoca sera!!! :-)

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